(No tan) Breve historia de un bonus track

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El 28 de enero de 1948, un avión del Servicio de Inmigración estadounidense se estrellaba en el Cañón de Los Gatos, en Coalinga, California. Las 32 personas que habían despegado de Oakland, cerca de San Francisco, murieron en el accidente: tres tripulantes, un guardia de inmigración y 28 ciudadanos mejicanos que estaban siendo deportados. Eran braceros, trabajadores agrícolas que habían cruzado la frontera en virtud de un acuerdo firmado entre ambos países durante la Segunda Guerra Mundial. Los Estados Unidos necesitaban mano de obra para compensar el alistamiento masivo de sus jóvenes en la lucha por liberar a la vieja Europa del yugo de los nazis. Pero conforme las tropas regresaban del frente y los contratos de trabajo expiraban, los mejicanos eran trasladados de vuelta al sur del Río Grande.

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Cuando aquel avión se estrelló, sólo se celebraron cuatro funerales, los de los cuatro empleados del Gobierno, cuyas familias pudieron enterrar sus restos según sus propias creencias y ritos. Los jornaleros viajaban indocumentados y nadie se preocupó siquiera por identificarlos. Los echaron a una fosa común de la cercana Fresno, y colocaron sobre ella una placa en la que se limitaron a escribir “28 ciudadanos mejicanos”.

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La historia de los trabajadores sin nombre conmovió a Woody Guthrie, el cantautor más importante y prolífico de la posguerra en América, que escribió en su memoria el poema Plane Wreck At Los Gatos. Un maestro de escuela llamado Martin Hoffman le añadió unos sencillos acordes y, convertida ya en canción, Plane Wreck… (también conocida como Deportees), ha sido grabada e interpretada a lo largo de las últimas décadas por artistas de la talla de Bob Dylan, Johnny Cash o Bruce Springsteen.

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En 2009, más de 60 años después del accidente de Los Gatos, el escritor Tim Z. Hernandez se propuso hacerles justicia a “los 28” e inició una larga investigación en la que contó con el único apoyo de la Diócesis de Fresno. Desde el día 2 de septiembre de 2013, en el cementerio católico de la Holy Cross de esta ciudad hay un monolito en el que, por fin, se leen los nombres de los 28 braceros que murieron en aquel avión.

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 ¿Por qué os cuento esta historia? Porque en el primer disco que grabé con En Casa del Herrero había 8 canciones de mi cosecha y una versión de Deportees muy especial, a modo de extra. El 22 de junio de ese mismo año, ECDH tuvimos la suerte de abrir en nuestra ciudad para un artista que ha colaborado con gente como Jackson Browne, Emmylou HarrisJoan Baez, Graham Nash o David Crosby. No sólo eso; Joel Rafael es el mejor continuador contemporáneo del legado de Woody Guthrie, cuyas canciones más emblemáticas arregló y grabó hace unos años en dos discos deliciosos que ya estáis tardando en conseguir. Esa noche de junio, víspera de las hogueras de San Juan, Joel me invitó a cantar juntos Deportees, como unas semanas atrás había hecho con su amigo Kris Kristofferson. A pesar de sus imperfecciones (conocimos a Joel ese mismo día y apenas hubo tiempo de ensayar el reparto de versos en la prueba de sonido), el tema acabó convirtiéndose en un broche de lujo para nuestro cedé de presentación.

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