Canciones de Navidad (para mientras preparas la cena)

 

A mí me gusta la Navidad, qué le voy a hacer. Así que, por favor, no me cuenten la película del consumismo y la hipocresía porque la he visto ya demasiadas veces. Allá cada cual con su conciencia y con su coherencia. Ciscarse en el espíritu navideño para reivindicar ser un gualtrapas todo el año me suena bastante perralleiro, pero solo es una opinión. A mí, qué quieren que les diga, me apetece la reunión familiar, el brindis con los colegas y la mañana de Reyes con mis hijos. Y, sin querer entrar en otros debates (la fe es algo estrictamente personal) me agrada que exista una celebración religiosa (y toda una tradición adyacente) centrada en un alumbramiento, en la expresión última de la vida. Soy más de belenes que de procesiones, no sé si me explico…

Lo que nunca me han gustado son esos villancicos grabados por niños con aparente sobredosis de azúcar en sangre. Ni que la única alternativa que se nos ofrezca sean media docena de apestosos hits más sobados que la Macarena. Así que esta es, amigos, la razón de esta entrada. Compartir con ustedes unas cuantas buenas canciones y versiones de o sobre la Navidad.

Casting Crowns han ganado un premio Grammy este 2016 al mejor álbum góspel contemporáneo del año. Si nuestras panxoliñas se regrabasen con arreglos como el que se han currado ellos para el Adeste Fideles, creo que otro gallo cantaría:

 

También me gusta (¡soy así de raro!) esa tradición anglosajona a la que han sucumbido todos los grandes. Todos, lo van a comprobar si se quedan conmigo hasta el final. Por estos pagos, a la Navidad le ha cantado Raphael y poco más. El resultado al otro lado del Atlántico es bastante menos grimoso. Hay discos infames, cierto. Pero también cañonazos como el que Tom Petty incluyó en su box set Playback e  interpretó en vivo en la Casa Blanca para un especial de la TNT en el año 2000:

 

En aquel mismo especial, la heartbreaker honoraria (Petty dixit) Stevie Nicks se unió a su banda favorita para pintar juntos la mejor versión de Noche de Paz jamás imaginada:

 

A la lista de clásicos de esta época del año se van añadiendo títulos cada cierto tiempo. Y así, junto a piezas tradicionales de hace siglos interpretadas por multitud de artistas a lo largo de las últimas décadas, conviven (y se cuelan en los álbumes recopilatorios de los distintos sellos) grandes canciones que, en mayor o menor medida, hablan de la Navidad. Esta la canta la chica que jamás ha tenido que enseñar las piernas para triunfar:

 

Chica lista, Hynde ha sido siempre devota del flamante Nobel de Literatura, que en 2009, con casi 70 castañas a la espalda, se marcó un álbum navideño grabado en casa de Jackson Browne, cuyos royalties donó a la organización benéfica Feeding America y al Programa Mundial de Alimentos de Naciones Unidas. Es probablemente el disco peor cantado de toda su carrera, pero contiene momentos interesantes como esta polka borrachuza basada en un viejo canto de taberna alemán para la que incluso se grabó un desconcertante videoclip promocional (no me pregunten por la peluca, yo tampoco sé por qué y coincido en que no era necesaria):

 

Dylan debió de cogerle gusto al rollo sinatrero (imperante en aquel trabajo pese a lo que acaban de escuchar), porque ha publicado otros dos discos en ese plan, ya sin la Navidad como excusa. Pero si ha habido un gremio que ha adoptado con normalidad la costumbre de grabar canciones de esta temática ha sido precisamente el de los crooners. Y aquí es donde chirría la comparación con Raphael a la que aludía antes: déjense seducir por el oficio y el encanto natural de Dino Paul Crocetti:

 

Pero, con permiso de Sinatra, el verdadero capo del cantar (y el bailar) navideño, fue Harry Lillis Bing Crosby. Aquí lo tienen derrochando savoir faire junto al Duque Blanco:

 

A estas alturas del partido y con más de 100 millones de discos vendidos, mi querido Sir Roderick David Stewart puede hacer ya lo que quiera. Pero su álbum Merry Christmas, Baby (2012) peca de todo lo que no soporto en este tipo de productos: una estomagante producción de David Foster, un diseño que apesta a naftalina, un repertorio aburrido y duetos muy poco imaginativos. A pesar de todo ello, contiene algunas dignas versiones y un momento de escocesa exaltación patriótica (además de navideña) que les propongo disfrutar del concierto promocional organizado aquel invierno en el castillo de Stirling.

 

La otra joya de aquel, por lo demás, olvidable trabajo de Rod era la pieza que le daba título, un blues de los años 40, que él recreaba con el formidable arreglo de Otis Redding. Pero si podemos disfrutar de la versión del Rey del Soul, para qué vamos a andarnos con medias tintas:

 

Ah, pero no todo es alegría en Navidad, amigos. Está también esa melancolía que invade a quienes se ven lejos de sus seres queridos y/o tienen poco que celebrar. Por eso hay también maravillosas canciones tristes asociadas a este tiempo. Y ahí se lleva la palma el gran John Prine cuando nos recuerda que en prisión también sirven pavo en Nochebuena, pero si la persona a la que amas está al otro lado de los muros lo más probable es que te invada la nostalgia:

 

El country ha sido el otro gran baluarte de la música navideña. El género tradicional (y a menudo conservador) por excelencia le ha cantado con la misma naturalidad al nacimiento del Niño Jesús que a Santa Claus y sus trineos, a las luces de la ciudad o a la parranda desenfrenada. Aquí las dos primeras parejas de la realeza, sin complejo alguno (The Man In Black editó varios álbumes de Navidad a lo largo de su carrera):

 

Los intérpretes de country mainstream han conservado intacta esa querencia por los discos de estándares navideños hasta nuestros días. Me gusta le lectura que hace de Winter Wonderland uno de los pocos a los que he prestado atención (es un fantástico guitarrista), Brad Paisley. Su telecaster brilla como si estuviese conectada a las lucecitas de la espantosa portada de su disco.

 

No tiene el pedigrí de la anterior pero desde que en 1987 los Pogues la editaron como single de su álbum If I Should Fall From Grace With God, su deslenguado Cuento de Hadas de Nueva York se ha ido colando año tras año en las listas navideñas de los países angloparlantes. Sé que el original con Shane MacGowan y Kirsty MacColl es imbatible, pero tengo una debilidad especial por esta ma-ra-vi-llo-sa versión de los canadienses Walk Off The Earth:

Les decía al principio que todos los grandes han sucumbido a la tentación. De Mick Jagger a John Lennon, pasando por King Elvis. A otros ya los han escuchado más arriba. Pero la prueba del algodón es el duro entre los duros. El tipo al que menos espíritu navideño podríamos suponer en la historia del rock. El mismísimo Lewis Allan Reed. Él también. Aquí lo tienen, acompañado, entre otros, de su amada Laurie Anderson o de Rufus Wainwright. ¡Y con guitarra acústica!

¡Pasen Feliz Navidad y ablanden esos corazones, maldita sea!

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